A la divinidad háblale sin miedo

Infinidad de personas fueron educadas para temer a la divinidad, y no para amarle. Crecieron con miedo al castigo divino, a las represalias, al ojo escudriñador que eternamente busca la falla y sanciona. Que difícil resulta, entonces, enamorarse de Dios y sentirlo como un amigo, y más aún, sabernos parte de él o ella.


Si la idea de enamorarte de Dios te confunde, y al pensar en él o ella tienes muchos sentimientos encontrados, entonces hay que comenzar por hablar frente a frente con Dios. Claramente, y sin reservas, como cuando hablas con un amigo.


Los amigos no tienen miedo de hablar con la verdad. La verdad tiene una fuerza propia que clarifica y libera. Un amigo no tiene miedo de escuchar tus sentimientos. Un amigo no se avergüenza de tu lenguaje, ni se aburre de oírte, no se asusta si pierdes el control ni te critica si te desmoronas en llanto. Un ser amado no teme hablar contigo de temas difíciles, no se acobarda frente a los malentendidos. Te escucha sin juzgarte, te ofrece su hombro y aguanta con paciencia aunque tu enojo vaya contra él. ¿Por qué habría de ser distinto al hablar con la divinidad? ¿Por qué no habrías de poder decirle la verdad a tu creador?


Si no estás enamorado de Dios, es porque algo te ha dejado resentido, lastimado o temeroso. Ábrete el pecho y exprésalo sin miedo. Con franqueza, escúpelo, haz berrinche, chilla, usa tus palabras más groseras y patalea. ¿Qué le quitas a la divinidad? ¡Nada! ¿Qué te haces a ti mismo? Te liberas, pero además te descargas y puedes ver las cosas con mayor claridad. 


Las oraciones y los cantos de alabanza a la divinidad son expresiones bellísimas, pues están cargadas de amor, pero éstas tienen que ser sinceras. En realidad, los cantos de alabanza son para ti, pues el creador es completo, pero es tu corazón el que se llena con la oración y es hacia ti hacia donde fluye con mayor fuerza el amor divino. Estos cantos y oraciones no pueden ser sinceros si tu corazón no está en paz, así que, primero invítale un café a tu creador, aunque utilices el trillado: “Oye, desde hace un tiempo he querido decirte que…” y habla, habla, habla, hasta que tu corazón se limpie y entonces surja una nueva relación de amor con él o ella.