Busca tu propia manera de meditar y de orar

Aprender técnicas de meditación, conocer oraciones y rituales ayuda, pues a veces nos sentimos perdidos y necesitamos un empujón para aprender a abrirle nuestro corazón a la divinidad. Personalmente recuerdo una vez, en un vuelo de regreso de Toronto que, frente a unas turbulencias, automáticamente empecé a rezar un Padre nuestro. Con ello me di cuenta de que las oraciones que aprendimos de niños quedan siempre en nuestra mente y corazón y aparecen para ayudarnos cuando más lo necesitamos. Sin embargo, para entregarnos a la divinidad necesitamos tener nuestro propio lenguaje, aquel con el que de verdad sintonicemos nuestro corazón. Como yo lo entiendo es: dile la verdad a Dios. Háblale de frente. Quítate las máscaras. Dile realmente lo que piensas. No tengas miedo tampoco de hablarle de amor.

Completo esta idea con esta bellísima historia escrita por Osho y transmitida por Vivekamukti:

No interfieras con el amor y la oración de otra persona. Abandona la idea de que sabes cómo amar o rezar. Solo respeta el hecho de que para otra gente, cualquiera sea el modo en que amen o recen, será perfecto para ellos.

Moisés se encontró un día con un hombre que oraba, pero pronunciaba una oración tan absurda que Moisés se detuvo. Y no solo era absurda, sino que además insultaba a Dios. El hombre decía: "Dios, permíteme acercarme a ti y prometo que limpiaré tu cuerpo cuando esté sucio. Si tienes piojos, te los quitaré. Y soy un buen zapatero, te haré zapatos perfectos. Señor, nadie te cuida, yo te cuidaré. Cuando estés enfermo, te serviré y traeré tu remedio. Y también soy un buen cocinero".

Moisés gritó: "¡Basta! Basta con estos disparates. ¿Qué dices? Que Dios tiene piojos en su cuerpo, que sus ropas están sucias, que tú las limpiarás y que tú serás su cocinero. ¿De quién has aprendido esta oración?"
 
El hombre dijo: "No la he aprendido en ninguna parte. Soy un hombre muy pobre e ignorante y sé que no sé rezar. La he inventado y estas son las cosas que conozco. Los piojos me incomodan mucho, entonces también deben incomodar a Dios. Y algunas veces la comida que como no es buena y me duele el estómago. Dios también debe sufrir a veces. Es solo mi propia experiencia la que se ha transformado en mi oración. Pero si conoces la oración correcta, por favor enséñamela."

Entonces Moisés le enseñó la oración correcta. El hombre se inclinó ante Moisés, le agradeció con lágrimas de profunda gratitud. Se fue y Moisés estaba muy contento porque creía haber hecho una muy buena acción. Miró al cielo para ver qué era lo que Dios pensaba al respecto.

¡Y Dios estaba muy enojado! Dijo: "Te he enviado ahí para que acerques a la gente a mí, pero ahora acabas de apartar a uno de mis mayores amantes. Ahora esta "oración correcta" que le has enseñado no será una oración en absoluto, porque la oración nada tiene que ver con la ley que es amor. El amor es una ley en sí misma, no necesita de ninguna otra ley."

Y con el amor ocurre la gracia. Y con el amor, la verdad. Recuerda: si puedes entender la verdad, la verdad libera. Y no existe ninguna otra liberación.