The Bond with the Beloved (El vínculo con el Amado) Llewellyn Vaughan-Lee

Necesitamos experimentar la separación  de Dios para podernos dar cuenta de que nunca estamos separados de Dios. / 

El místico es aquel que viene a este mundo con el propósito primordial de redescubrir este estado de unión y después vivirlo. Al nacer, se entrega  al dolor de la separación para lograr conocer a Dios más plenamente, llegar a conocer a Dios así como Él se ha revelado en la creación... / 

Aquellos que emprenden el doloroso camino de regreso a casa lo hacen porque no han olvidado completamente esta casa. Cuando llegaron a este mundo conservaron una parte de la conciencia de la Unión. Esto es tanto una bendición como una maldición. Es una bendición por que no nos permite quedar totalmente absorbidos en las cosas de este mundo, perdidos en las tentaciones de Maya. Sin importar qué tan involucrados estemos en los alrededores, siempre está el sentimiento de que esto no es todo, de que algo más importante nos espera. Pero esto es una maldición porque nos hace sentir que no encajamos, que somos un extraño en este mundo... / 

Para aquellos que llevan consigo la maldición del recuerdo (del Amado), la vida espiritual no es una elección, sino una necesidad profunda  y dolorosa, una herida abierta que solamente puede ser sanada por el Amado.  Su memoria es como el grano de arena en la concha del ostión que crea la perla. Él causa una fricción dolorosa entre el mundo exterior y el mundo interior. Entre más fuerte es el recuerdo (del Amado) mayor es la fricción...